En tu ofi o en la mía: EL MOLI LAB

Artículo de Vicent Molins publicado por Valencia Plaza el 05/06/2019. Foto: Eva Máñez.

Rebuznos y cacareos. En un entorno eminentemente agrícola la reivindicación de la alquería como nuevo uso para el trabajo compartido de un buen puñado de empresas

Lugar: El Molí Lab
Dirección: Camí Molí Canyars, 7
Metros cuadrados: 350m2 de oficina, 3.500m2 de parcela.
Año de inauguración: 2017

VALÈNCIA. La llamada de los pueblos de València. Carpesa se abre en los lindes con la ciudad, con el camino de Molí dels Canyars como frontera entre espacio urbano y espacio de huerta que en realidad, más que confrontar, se solapan placenteramente. Por primera vez visitamos un espacio de trabajo que hace de la alquería, de la vis rural y del pasado agrícola, todo un fuerte con el que plantear una manera de trabajo renovada.

Un antiguo molino sobre la acequia de Tormos, la antigua vivienda de los agricultores que trabajaban los campos que circundan la construcción, una casa de aperos que más tarde fue local de ensayo para un grupo de percusión. Y una decisión, la de los propietarios, ¿qué hacer con todo ese complejo?, ¿a que dedicarlo?, ¿restaurante?, ¿alojamiento turístico? La respuesta, razona una de sus responsables, Mónica Muñoz, fue plantear justo lo que no había, aquel uso que podía contribuir a trazar relaciones directas entre ciudad y huerta. “Decidimos convertir la alquería en un espacio de trabajo compartido porque el entorno es una maravilla, en plena huerta pero cerca de la ciudad, y no existía nada parecido en la zona. Se ha conservado la estructura original de la casa”.

Ese intento de emparentar las tareas contemporáneas con la memoria imponente de los usos agrícolas se produce aquí de una manera natural y razonable. El patio interior es ‘el corral’, el office es ‘la cuina’, la sala de reuniones abuhardillada del primer piso es ‘l’andana’ y las salas de reuniones de la planta baja son las salas ‘Rascanya’ y ‘Tormos’, por las dos acequias que pasan cerca. Tanto es así que al abrir una de las dependencias se descubre el carro y los útiles que se emplean habitualmente en alguna de las huertas. En otras de ellas, una pequeña sala expositiva para fotografía.

Parece una combinación revolucionaria para una ciudad que se ha resistido a incorporar su trasfondo agrícola en el relato urbano. Para los socios de El Molí (de Albalat dels Sorells y Tavernes Blanques) era un camino de vuelta razonable “tras muchos años viviendo fuera, en València y fuera de València. Nos apetecía volver a nuestros orígenes y estar más cerca de la familia”.

Entre bebedores para animales y arados, más de 30 personas entremezclan sus dimensiones empresariales. “Somos una mezcla de autónomos, microempresass y startups, de sectores más tradicionales, como la arquitectura, la consultoría y el diseño, y de nuevos sectores: tecnología, inteligencia artificial, software…”. Marcas como Commonspolis, dedicada al municipalismo ciudadano; Empodera Consultores; Samuel Palanca, que ofrece dirección de arte en remoto para la empresa británica Photocentric; Estefanía Domínguez, que trabaja en remoto para la empresa sueca Tobii especializada en productos de control ocular; Soluciones Técnicas Reales; Orbital EOS que aporta soluciones a desafíos medioambientales en el entorno marítimo; el turismo ecuestre de Enjoying Horses; la corrección de textos y diseño gráfico de Payo Pascual; las consultas veterinarias online de Barkibu; el equipo de programadores de la empresa finlandesa Revieve; el estudio de arquitectura Idnais dedicado a la construcción de casas pasivas; la arquitectura de bioconstrucción de Habit; el estudio de rehabilitación Vidal Cháfer; la Agencia Europea para la Movilidad Internacional; la fotógrafa Rose Solanillos; la marca de zapatos para swing Madame Dynamite; el director de arte Javier Campos; el realizador Iñaki Sánchez Arrieta; la arquitecta Salut Naval.

Con una línea laboral común que comprende el abanico medioambiental (“¡desde Carpesa vamos a cambiar el mundo!”, arrea uno de ellos), el marco de toda su actividad son los cambios de cosecha, la chufa en otoño, patata y cebolla en primavera. “Vemos desde nuestras ventanas como se trabajan los campos cercanos: siembra, recolección, abono… Es un entorno muy tranquilo. El canal del Palmaret, que pasa por detrás de El Molí Lab, tiene su propio ecosistema y no es extraño ver desde la terraza patos, liebres, garzas, lechuzas… y alguna que otra culebra pequeña”.

También, terminarán confesando, entre alguna llamada telefónica se cuelan algunos rebuznos de burros y coces de caballos desde la cuadra que tienen a dos casas. También los cacareos de las gallinas de su gallinero. “Por teléfono siempre nos preguntan, ¿pero dónde estáis?”. En El Molí lab.

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